Diferencias entre un decantador y un aireador de vino

Diferencia decantador aireador vino

Para disfrutar de un buen vino con todos sus aromas y sabores no suele ser suficiente simplemente abrirlo y servirlo en la copa. Para conseguir un vino en las mejores condiciones para degustarlo es recomendable airearlo y decantarlo. Son dos operaciones diferentes, pero que suelen confundirse. La diferencia entre ellas es que el objetivo que buscamos.

Con la aireación, lo que queremos es que el vino entre en contacto con el oxígeno, revelando de esta forma matices de aromas y sabores que han podido quedar ocultos tras un tiempo largo en botella. Este proceso se realiza con un aireador, que es un accesorio que se coloca en el cuello de la botella o un tembudo especial por el que se hace pasar el vino antes de servirlo.

Con la decantación, lo que buscamos es separar el vino de posos que pueda tener, como restos de levaduras muertas o taninos que podrían darle sabores no deseados. Este proceso se realiza con un decantador. El decantador es un recipiente, en forma de botella con una característica forma con el cuello estrecho y el fondo ancho para que estos posos queden en el fondo y no pasen a la copa cuando servimos el vino.

La confusión surge porqué un decantador también lo podemos usar para oxigenar un vino. Cuando el vino queda en el fondo ancho, se incrementa su superficie de contacto con el aire y se va oxigenando. El problema es que con un decantador la oxigenación suele ser lenta y debe dejarse el vino entre 1 y 3 horas para que se oxigene bien.

Con un aireador el proceso es mucho más rápido. Hay varios tipos de aireador, pero todos se basan en el principio de que el vino circule por un estrechamiento antes de servirlo para que se inyecte más aire, de forma que ya llega a la copa listo para disfrutarlo.